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Pregón Semana Santa Andorra 2025 pronunciado por Juan Ramón Galve Bielsa

14 Abr 2025

Buenas tardes:

Buenas tardes, quiero comenzar dando las gracias a todos los que, desde sus diferentes roles, hacen posible que nuestra Semana Santa siga viva, que crezca y nos emocione año tras año:

Al alcalde, al párroco, a los miembros de la corporación municipal, a la Junta Local de la Semana Santa, a la Junta del Cristo de los Tambores y Bombos, a los miembros de la Ruta y Escuela de tambores y bombos, a todas las cofradías, y a todos los que trabajan para que esta tradición perdure.

También, por supuesto, a mis familiares, amigos y vecinos de Andorra, que nos acompañáis hoy y que hacéis de esta celebración algo único.

Hoy me encuentro ante vosotros con una mezcla de emociones, que no sé si podré expresarlo con palabras.

Estar aquí y ser el pregonero de nuestra Semana Santa es algo que jamás imaginé, pero que me llena de una profunda gratitud y de un gran orgullo.

Estoy emocionado de compartir con todos vosotros lo que para mí, significa esta celebración tan nuestra, tan especial, que cada año sin falta vivimos en nuestras calles con el sonido de los tambores y bombos.

Cuando Aitor me llamó para trasladarme que habían pensado en mí como pregonero de esta Semana Santa, me sentí muy ilusionado, al mismo tiempo afortunado, honrado y por qué no decirlo, muy nervioso.

Para mí, ser Pregonero, es tener que poner voz a lo que todos los andorranos sentimos en estos días tan señalados.

Es una gran responsabilidad, pero también una oportunidad para recordar lo que esta fiesta representa para cada uno de nosotros.

La Semana Santa en Andorra, es mucho más que un evento religioso; es una celebración de nuestra identidad, de nuestras raíces, de nuestra gente.

Nos une a través de los tambores y bombos, que cada año resuenan con más intensidad por nuestras calles, que nos llenan de emoción y nos hacen sentir parte de algo grande.

Es una tradición que crece con nosotros, que se transmite de generación en generación y que se lleva en el corazón.

Yo crecí con el ritmo de los tambores, con el sonido profundo del bombo, y con el inconfundible redoble que marcaba el paso de la Semana Santa.

Recuerdo aquellos primeros años; la ilusión ya comenzaba días antes, cuando mi padre sacaba los tambores y bombos para prepararlos.

Mi madre se encargaba de sacar las túnicas, nos las hacía probar a todos por si había que hacerles algún retoque, así como crecíamos iban pasando de unos a otros.

Por fin, llegaba el gran día, el de subir a la Plaza de la Iglesia para romper la hora. Salíamos con mi padre de casa, de la calle Baja que es donde vivíamos entonces, nos juntábamos con mis tíos y primos «Los Raquetas», íbamos todos ilusionados y muy contentos, con esos pequeños tambores y bombos que tenían un sonido tan peculiar.

Mi primer bombo fue pequeño, como los primeros pasos que damos en la vida, pero fue suficiente para que naciera en mí esta emoción, que hoy os quiero transmitir.

Mi padre me enseñó la pasión por esta tradición, lo que significa este acto de unión y de devoción. También me enseñó los primeros toques, nos guiaba el oído, observábamos a los que teníamos al lado. Mi padre y mis tíos nos enseñaban con paciencia y con dedicación.

Aprendí a tocar en aquel momento el bombo, no solo con las manos sino con el corazón.

Así es como yo se lo he trasmitido a mi hija Anais, sintiéndome orgulloso de que ella haya seguido mis pasos, viviendo la Semana Santa con el mismo cariño, la misma devoción y el mismo sentimiento que yo.

Hemos pasado muchas horas juntos, ensayando en el parque de nuestro barrio en Zaragoza. Momentos en los que hemos compartido la misma ilusión de ver llegar cada año la Semana Santa.

Volviendo otra vez atrás, recuerdo siendo un niño, ahí ya con el tambor, nos reuníamos los amigos para salir a recorrer las calles, siguiendo el eco del sonido de los tambores y bombos.

Con el paso de los años y siendo ya unos adolescentes, nos empezamos a integrar al grupo de las trompetas, cornetas y tambores, que con el tiempo se convirtió en la Banda de los Azules.

Los primeros ensayos fueron en el Salón Medina, donde cada ensayo, cada toque, nos llevaba a mejorar y a soñar con esos días en que nuestros tambores y bombos, se unían en las procesiones para dar vida a la Semana Santa, acompañando a los penitentes y a las cofradías.

La primera procesión era la del Domingo de Ramos, era muy especial y a la vez muy emotiva; ahí empezaba para nosotros la Semana Santa, y era cuando se reflejaba todo el trabajo realizado durante tantos ensayos.

En aquellos tiempos, a medida que nos acercábamos al Jueves Santo, el pueblo se iba transformando, parecía detenerse. Las calles se llenaban de una atmósfera única, de una emoción especial. Recuerdo esa sensación que sentíamos al llegar a la Rompida de Hora, era, es y será incomparable.

Trascurridos unos años, tomamos la decisión de dejar atrás el grupo de las Túnicas Azules, para unirnos y acompañar a los Penitentes. Llevábamos con nosotros, como un eco de nuestro legado, los tambores, bombos, timbales, cornetas y trompetas.

Dejamos las Túnicas Azules y nos enfundamos el traje de los Romanos, vestimenta que el Ayuntamiento nos proporciono. Al vestir-la, no solo cambiamos nuestra apariencia si no también nuestro vínculo con la tradición, adoptando una nueva identidad cargada de historia y orgullo.

El cambio no solo fue físico, si no también un símbolo de nuestra evolución y de la nueva etapa que emprendíamos.

Acompañábamos a la Virgen de la Dolorosa en su encuentro con el Nazareno, momento que en la actualidad goza de una gran expectación por su belleza.

Los Penitentes han evolucionado con el paso de los años, convirtiéndose para mí, en uno de los grupos más admirables de las procesiones, ya que me generan recuerdos muy especiales que conservo en mi memoria.

Más tarde, la cuadrilla de amigos nos incorporamos en el grupo de «La Cochera», donde nos acogieron con los brazos abiertos y un cariño inmenso. Con ellos pasábamos horas y horas de ensayo, aprendiendo, compartiendo y viviendo de una manera diferente el tocar de los tambores.

Con el grupo, entendí que esta tradición va mucho más allá de lo que vemos en las procesiones. Se trata de un sentimiento colectivo, de un orgullo común por nuestras raíces, por lo que representamos como pueblo y por lo que compartimos con los demás.

Recuerdo como disfrutábamos recorriendo las calles del pueblo, tocando nuestros tambores y bombos durante la noche.

Subíamos en procesión a la Ermita de San Macario para bajar tras la misa, al Cristo de los Tambores. Este momento es el que hoy en día, continúo disfrutando con devoción y pasión.

Todo el trabajo con el grupo de «La Cochera» dio sus frutos. Tuve la oportunidad de participar en las exhibiciones locales y nacionales junto con mis compañeros y amigos.

Acudimos a las diferentes Jornadas de la Ruta del Tambor y el Bombo, llegando a representar a Andorra con nuestros toques.

El poder representar a mi pueblo en las diferentes jornadas locales y nacionales, fueron momentos que disfrute con mucho orgullo e ilusión. Lo bonito de estos encuentros, son los vínculos que nacen entre las personas, los conocimientos que se trasmiten a través de las diferentes costumbres y el hermanamiento que se crea.

Y aunque hoy, por circunstancias laborales, no puedo participar en los ensayos y en las cuadrillas, el recuerdo de esos momentos sigue muy presente en mí. Y quiero aprovechar esta oportunidad, para agradecer a todas esas cuadrillas y grupos que siguen trabajando para mantener viva esta tradición, en especial al de la Cochera.

También quiero aprovechar para agradecer a la escuela del tambor y el bombo, su dedicación y esfuerzo para que los más pequeños continúen con ilusión por seguir los pasos de sus padres y abuelos, ya que estos son el presente y el futuro de nuestra Semana Santa.

Como ya he reseñado antes, para mí la Semana Santa es algo más que un acto religioso: es un acto de pertenencia, de comunidad, de alegría, es un sentir de muchas emociones y de orgullo. Es un momento de compartir con la familia, con los amigos y con el resto de las personas que nos visitan.

A lo largo de este pregón, he recordado algunos de los actos más importantes de nuestra Semana Santa.

No quiero terminar, sin hacer alusión a la belleza y variedad de las Imágenes de nuestras Cofradías, al gran número de personas que participan en ellas, al inmenso número de tambores y bombos que acompañan a los cofrades y sobre todo también, a un acto que ha cobrado mucha importancia en los últimos años; El Final de redobles, que cada año causa más expectación, emoción y la vez tristeza, ya que nos anuncia el silencio de los tambores y bombos.

Quiero agradecer a mi esposa, hijos, padres, hermanos, hermanas, familiares y amigos, a todos ellos por acompañarme en este día tan especial, emotivo e inolvidable para mí y porque sin ellos la Semana Santa no sería lo mismo.

No me quiero olvidar de las personas que, aunque ya no estén con nosotros, han sido muy importantes a lo largo de mi vida. Su recuerdo sigue presente en mí, y siempre les estaré agradecidos por todo lo que compartimos.

Para terminar, andorranos y andorranas, os invito a disfrutar de esta Semana Santa con el corazón lleno de emoción, con la cabeza llena de recuerdos y con el alma llena de pasión.

Sigamos haciendo sonar nuestros tambores, nuestros bombos, y vivamos estos días con el fervor de siempre.

Porque la Semana Santa de Andorra es, y será, uno de los momentos más especiales del año.

Gracias a todos los presentes por acompañarme en este día tan especial, y por hacer posible que esta tradición siga viva y por mantener encendida la llama de nuestra identidad.

iFeliz Semana Santa para todos! Muchas gracias.

Juan Ramón Galve Bielsa

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