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Pregón Semana Santa Andorra 2023 pronunciado por Ángel Galve Juan

01 Abr 2023

Buenas tardes.

Sr. Alcalde, Sr. Párroco,
Miembros de la corporación municipal,
Presidenta y miembros de la Junta local de la Semana Santa,
Presidente y miembros de la junta local del Cristo de los tambores y bombos,
Presidente de la Ruta del Tambor y Bombo,
Representantes de todas las cofradías,
Componentes de la banda de música municipal,
Familiares, amigos, andorranos todos.

Gracias por vuestra asistencia

Dicen que “la gratitud es el recuerdo del corazón”, por eso quiero empezar dando un especial agradecimiento a la Junta Local de Semana Santa y a la Junta del Cristo de los Tambores y Bombos, porque me habéis distinguido con el mayor de los honores al que puede aspirar un andorrano amante de su Semana Santa. Sin saberlo me habéis ofrecido el mejor e inmenso regalo, que junto con mi hija conformaran mi personal y propio patrimonio, y así poder cumplir uno de mis más anhelados sueños, ser pregonero de la Semana Santa en mi pueblo.

Quisiera felicitar a la Cofradía del Cristo de los Tambores y Bombos por su 45 Aniversario, y así mismo, agradecer y reconocer el trabajo de todas las personas que han formado parte de las diferentes juntas durante este tiempo, gracias a ellas, nuestra Semana Santa crece año tras año.

Nunca olvidare la llamada de Aitor, presidente de la Cofradía del Cristo de los Tambores y Bombos, cuando me comunico que me habían propuesto para ser pregonero, en ese momento, me sentí agradecido, honrado y afortunado, hasta tal punto que antes de que terminara la frase, le di un “SI” como respuesta. Igual que cualquier andorrano no podía titubear ante el honor de revivir junto a todos vosotros, mis sentimientos y recuerdos personales.

Hoy me siento feliz y orgulloso por el inmenso honor y la enorme responsabilidad, de poder estar aquí en este atril y en este marco incomparable que es la iglesia de La Natividad Nuestra Señora, testigo de todos los avatares de la historia de nuestro pueblo, con la presencia de todos vosotros, que en definitiva sois los que realzáis este bonito acto y que os agradezco vuestra paciencia y generosidad por comprender, que hoy, me presento aquí con las únicas credenciales de amar la Semana Santa de Andorra.

Y ahora, me vais a permitir que dedique este pregón a dos personas, una de ellas a la que le hubiera gustado estar presente es este acto como al que más. Una persona que, por circunstancias de la vida, hace ya unos años que no se encuentra entre nosotros y de cuya mano yo empecé, siendo todavía un niño, a conocer, a vivir y sobre todo a querer nuestra Semana Santa, mi Padre.

La otra persona, gracias a Dios todavía la tenemos a nuestro lado, para mí, parte fundamental de todas las Semanas Santas, esa persona que ha estado siempre detrás, en silencio, realizando quizás las labores menos agradables, planchando y arreglando las túnicas, limpiando la armadura y el casco de penitente, teniendo siempre la comida preparada “ que por cierto, en mi casa, y como manda la tradición, se sigue comiendo siempre lo mismo por estas fechas, la sopa de pescado , los huevos rellenos, el bacalao con tomate y los volabanes” y como no, supervisando hasta el más mínimo detalle, sobre todo, si llevaba la túnica bien puesta, con el doble bien cogido y los zapatos bien limpios, me refiero a mi Madre.

Desde la humildad y la ilusión, quisiera que mi pregonar sea la voz de todos aquellos que viven, que conforman y que sienten nuestra Semana Santa. El poder ensalzar y promulgar a todos los vecinos y visitantes a participar en la misma, es la esencia de este pregón. Pero a quienes estos días lleguen a nuestro municipio les diré, que se encontraran con una manifestación religiosa y cultural que sobrecoge y abruma, por eso es importante acercarse a ella sin perjuicios, dejándose envolver por las sensaciones del fervor latente durante estos días.

Estoy seguro de que todos los que nos visiten guardaran en el cajón de sus recuerdos unos momentos especiales que jamás olvidaran, ya que nuestra Semana Santa se propaga a través de los cinco sentidos, no es cosa que pueda únicamente contarse. Nuestra Semana Santa se ve, se huele, se toca, se escucha y hasta se come.

Cuando hablo de la Semana Santa de Andorra, pierdo la ecuanimidad y doy rienda suelta a la más desbordada de las sensaciones, los recuerdos y las personas se agolpan inevitablemente en mi memoria.

Quizás son esos primeros recuerdos, sentimientos y emociones vividas durante la infancia y adolescencia, los que más guardamos en la memoria y en nuestro corazón. Y yo particularmente tengo un primer recuerdo de la Semana Santa, cuando vivía en la calle Aragón nº 5, cada vez que finalizaba cualquiera de las procesiones tocando el tambor, me bajaba corriendo a casa y me asomaba al balcón para ver el resto de la procesión. Las características de la calle y la altura del balcón eran ideales, desde mi posición privilegiada casi podía acariciar las figuras de los pasos, subirme a lomos de la burrica, o besar al angélico, apreciaba la expresión dolorida del rostro de Cristo, el dolor materno de La Dolorosa, podía ver al Cristo del Santo Entierro desde arriba, de esta forma tuve la oportunidad de dejarme “cautivar” por los pasos de la Semana Santa vista desde otra perspectiva. Actualmente tengo imágenes que siempre me acompañan de esos momentos vividos, fotografías que nunca se sacaron y sin embargo están en mi memoria.

Pero al igual que muchos de vosotros, tengo otros recuerdos en los que seguramente coincidiremos, recuerdo con añoranza, los preparativos de la Semana Santa en los que con , el primer tambor de piel que con mucho orgullo herede de mi padre, ensayábamos en el corral de algún amigo o vecino, en la plaza de toros o en el campo de futbol, el interés que poníamos cuando teníamos que tensar el bombo, intentando averiguar, según los consejos de los mayores, cuál era la mejor forma de tensar las cuerdas para que el sonido fuera perfecto. Para mí, estos dos momentos siempre han sido el inicio de mi Semana Santa.

Pero también recuerdo, el quedar con los amigos para subir tocando a la plaza de la iglesia antes de comenzar las procesiones, la emoción y el nerviosismo de las primeras rompidas de la hora,  el estar tocando por la carretera y cruzarte con otros grupos intentando mantener el toque, recuerdo que teníamos que aguantar sin dormir hasta las cinco de la mañana para subir a San Macario, el bajar helados de frio, y el entrar en la iglesia para poder calentarnos, las regañinas que recibíamos de algún mayor por meternos bajo las peanas simplemente por la curiosidad de saber que había debajo.

Y estos son algunos de los recuerdos que añoro con tanta nostalgia.

Pero llegado este momento, os tengo que confesar que soy “un penitente”. Soy un penitente desde hace 42 años. Una parte fundamental de mi amor hacia la Semana Santa es el pertenecer a este grupo de maravillosas personas, que en todos mis recuerdos y vivencias ocupan un lugar muy especial, no voy a decir nombres ya que sería imperdonable el que me dejara alguno, pero tanto los que están como los que han estado en algún momento, a todos ellos, me gustaría reconocerles delante de todos vosotros su compromiso y sentimiento hacia todo lo que representa “ser penitente”. En algunas ocasiones denostados y en otras alabados, pero siempre parte principal e imprescindible de nuestra Semana Santa.

Aprovecho esta magnífica oportunidad que tengo para reconocer y agradecer la gran labor de renovación que se ha llevado a cabo durante estos últimos años, y que ha servido para consolidar el grupo actual y afianzar el relevo generacional de los penitentes, al respecto os manifiesto que estoy muy orgulloso, ya que mi relevo lo tengo garantizado con mi sobrino Fernando, seguro que procesionará mucho mejor que su tío y será un penitente de alturas.

Os diré que los primeros años no fueron nada fáciles.

Todavía recuerdo cuando Ricardo Gracia “el ricardin”, vino al bar “el Chipi” a buscarnos para salir en la procesión del Jueves Santo, ya que no encontraban jóvenes que quisieran salir de penitentes y los quintos, a los cuales les tocaba salir ese año, no se presentaron. Nos mandó a casa a por una camisa blanca y unos calzoncillos marianos, aquella tarde fue la primera vez que procesionamos Jaime Gracia “el laudencio”, José Manuel Tomas “el greja”, Cesar Barberán y yo. En años sucesivos, hubo más, e importantes incorporaciones de jóvenes andorranos deseosos de mantener viva la tradición, amigos de la peña “los guitres” y “la ebrius” fueron los más activos durante esa etapa, cuando se empezó a fraguar la gran familia que somos hoy en día.

Cuando llegamos para cambiarnos en los sótanos del Ayuntamiento, nos encontramos un montón de trajes incompletos y estropeados, las corazas nos la atábamos con alambres, lanzas sin puntas, cascos bollados y sin plumas, sandalias prácticamente no había, incluso algunos tuvieron que salir con botas camperas o zapatillas azules. Eran tiempos difíciles para los penitentes.

Allí nos encontramos a un grupo de personas que trabajaron y lucharon para que los penitentes continuaran saliendo año tras año y uno de los que allí estaba y que hoy en día es una institución entre nosotros es José Miguel Alquezar “el paletero”, la persona que más años ha salido de penitente.

En años posteriores intentamos mejorar todo lo que buenamente pudimos hasta que cansados de la situación tan precaria que teníamos y capitaneados por Mario “el Cordones”, nos plantamos en el Ayuntamiento y una de dos, o nos proveían de trajes nuevos o los penitentes dejaban de salir. Y gracias a Isidro Guía Mateo que era el alcalde que estuvo durante esos años, todo fueron facilidades para que al año siguiente pudiéramos procesionar muy orgullosos con nuestros nuevos trajes.

Actualmente no concibo el vivir de la Semana Santa sin ese ritual que cada año implica el ponerme la túnica de penitente, el colocarme mi armadura, calzarme las sandalias, ajustar el casco y colgarme la espada.

Tampoco concibo el sentir de la Semana Santa, sin la emoción que me produce el realizar los cruces al Nazareno en la puerta de la iglesia, el silencio roto por el sonar de las trompetas y tambores, acompañado por el chasquido metálico de las lanzas alzadas y golpeadas contra el suelo.

Y esta es mi Semana Santa, en la que cada año voy descubriendo y disfrutando de nuevas vivencias, que después guardo junto a mis recuerdos, son sensaciones únicas y muy personales, pero que al final son experiencias iguales a las vuestras, vividas con la misma devoción. Esto hace que nuestra Semana Santa tenga una estética única en el mundo.

Por eso, este que les habla puede decir con orgullo que nuestra Semana Santa no sería lo que es, sin el sentimiento del pueblo. Y esa no es una característica que pueda improvisarse. Existe y se consolida a través de un sentir por nuestras costumbres y tradiciones. Así pues, sigamos haciendo de nuestra Semana Santa, santo y seña de sentirnos andorranos.

Os animo a que viváis una Semana Santa en compañía de familiares y amigos, a que os ciñáis una túnica, os colguéis un tambor o un bombo, que participéis activamente de cualquiera de nuestras majestuosas procesiones porque solo así podréis vivir una Semana Santa única e irrepetible, la Semana Santa de Andorra.

Feliz Pascua

Ángel Galve Juan

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