¿Qué se siente al ser elegida pregonera de la Semana Santa de Andorra?
Es difícil describirlo con palabras, pero para hacerlo elegiría dos, eso sí, escritas con mayúscula, FELICIDAD E ILUSIÓN. Quien me conoce sabe que hago gala siempre que puedo, y en cualquier foro, de nuestra Semana Santa, por lo que me llena de orgullo poder ser su Pregonera.
¿Acudes puntualmente a la cita anual con la Semana Santa de tu pueblo? .
Sí. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que no he estado. De hecho en una ocasión, recién nacida mi hija Belén pensé en no ir. Era muy pequeña y decidimos que era mejor quedarnos en Zaragoza. Pero el lunes por la tarde fui a ver una procesión a la Plaza San Miguel, oi los tambores, y allí mismo decidí que preparaba las maletas, la cuna, los biberones y lo que hiciera falta y me iba a vivir la Semana Santa a mi pueblo.
¿Perteneces a alguna cofradía? ¿Tocas tambor o bombo?
Sí, pertenezco desde que nací a la Cofradía de San Juan. Mis padres fueron unos de los que compraron el actual Santo, y lo he acompañado desde bien pequeña, primero de samaritana y luego de cofrade. Ahora sigo participando junto con mis hijas, y por supuesto mi hermana y sobrinos.
Respecto al instrumento, yo toco el tambor. Mi primer tambor me lo compraron con 15 años. Antes tocaba con el de mi padre que sonaba como una lata, aunque tiene su encanto. Ahora el mío lo lleva mi hija mayor, y yo me compré otro. Pero el de mi padre suele salir de casa portado por algún amigo de los que vienen a acompañarnos en estas fechas.
No obstante, debo decir que todos mis conocimientos vienen de cuando vivía en Andorra. Entonces, iba a ensayar los días previos a Semana Santa. Después empecé la carrera, y ya no he podido acudir a ningún ensayo, de manera que cada año, el día de Jueves Santo intento coger los nuevos toques, aunque reconozco que son difíciles y eso que algunas de mis amigas, que pertenecen a un grupo de tambores, tienen mucha paciencia e interés en enseñarme.
¿Qué visión se tiene de nuestra Semana Santa desde la capital aragonesa’ ¿Crees que es suficientemente conocida y reconocida?
Desde luego por lo que a mi respecta, te aseguro que es muy conocida porque intento que mis amigos sepan lo que es y lo que se siente. De hecho muchos de ellos han venido y se han ido encantados. No obstante, creo que nuestra Semana Santa es mucho más de lo que se conoce, hay que vivirla y para eso hay que estar. Y de hecho las personas que conozco, zaragozanos o no, que han venido se quedan emocionados de lo que viven.
¿Algún momento especial que destacarías dentro de la Semana Santa andorrana?
Todos son especiales. Desde la procesión del Jueves Santo, en la que San Juan sale por primera vez, hasta la procesión de Jesus Resucitado, pasando por la procesión de la Soledad y la del Santo Entierro que me parece preciosa, aunque no la pueda ver porque siempre participo como cofrade, y por supuesto La Rompida seguida de la procesión de las antorchas, con el momento sublime en que se saca de la Ermita al Cristo de los Tambores en un momentáneo silencio que se vuelve a romper desde lo alto de San Macario. Sin olvidarme los actos y procesiones previos a Jueves Santo. No obstante si tuviera que quedarme con uno sólo citaría el fin de redobles, cuando el cesar repentino, inopinado y abrupto de los tambores y bombos sobrecoge, más si cabe, que el inicio de La Rompida. Es un momento que siempre me emociona.
¿Consideras la Semana Santa una tradición?
Creo que son unas fechas en las que se conjuga sabiamente tradición y religión. Cada uno la vive como quiere, esa es la grandeza de nuestra Semana Santa. No obstante pienso que no hay que perder el sentimiento religioso que es la base de esta tradición. Y creo que cada uno de los andorranos viven ese sentimiento a su manera.
Siendo la Semana Santa una celebración muy participativa ¿piensas que en los últimos años ha perdido algo de fuerza popular o que cuenta con un menor número de participantes?.
Andorra también cuenta con un menor número de habitantes y eso de alguna manera se nota. Además el hecho de que los Pasos hayan ido en auge ha supuesto que en las procesiones no salgan tantos tambores. ¡no se puede estar en todas partes!. Pero pienso que, en lo que toca a la participación se ha estabilizado. Variarán los visitantes, pero creo que los andorranos, y los hijos de andorranos, en su mayoría, se quedan o volvemos aquí estos días.
¿Qué recuerdos infantiles guardas de la Semana Santa?
Muchísimos. Son unos días muy felices: la rompida con mis amigas en la Plaza de la Iglesia, yendo de casa en casa hasta que llegaban las cinco de la mañana para subir a San Macario; Las procesiones por “ la carretera”, actual avda. San Jorge, desfilando en un silencio sepulcral, con todas las luces de los comercios apagadas y sólo los Santos con su iluminación; Mi participación como esclava de La Dolorosa, llevando los faroles cuando todavía no era la cofradía actual. Pascuica y sus preparativos. En fin, recuerdos gratos como afortunadamente deben tenerse de una infancia feliz.
¿Podrías referirnos alguna anécdota personal en torno a la Semana Santa?
Te puedo contar varias, pero hay una que destaca especialmente. Fue un Jueves Santo pero fuera de Andorra. Tenía quince años y junto con el grupo de Jota de Andorra al que pertenecía, fuimos a bailar a Lovaina en Bélgica. El viaje coincidía con toda la Semana Santa. El Jueves Santo a las doce de la noche, estábamos en una cervecería en Lovaina con otros grupos folclóricos, y cuando dieron las doce, empezamos todo el grupo a golpear las mesas al son del toque de la rompida. Los demás grupos se quedaron perplejos, y cuando nos decían que qué hacíamos y les decíamos que “ casser l’heure” ( es decir, romper la hora), no entendían nada. Y cómo explicar en francés el significado de lo qué hacíamos a gentes que ni celebraban la Semana Santa!!! Lo mejor de todo es que incluso fuera de Andorra, todos los del grupo nos acordábamos de lo que se estaba viviendo en nuestro pueblo. Fue muy emocionante. ¿Cómo ves la Semana Santa actual? ¿Y su futuro?
Muy bien. Creo que mientras haya un andorrano que tenga hijos a los que sepamos inculcar el sentimiento que hace que año tras año nos pongamos la túnica y el tambor,y/o el traje de cofrade, la Semana Santa no decaerá. Seguro que, como todo, pasará por épocas con más o menos participación. Pero creo que es un signo de identidad del pueblo de Andorra, que a todos se nos pone el gusanillo en el estómago cuando oímos, estemos donde estemos, el redoble de los tambores, y eso une. No obstante, hay que trabajar para que no decaiga, y creo que la Junta de Semana Santa hace una labor impagable en este sentido, y que es de agradecer. Toda llama debe ser avivada de una u otra manera.
¿Introducirías algún cambio o mejora en el programa de la Semana Santa de Andorra?
Todo lo que sea recuperar tradiciones antiguas y creo que eso se está consiguiendo con el trabajo continuado de la Junta Local de Semana Santa. Si me gustaría que volviera el silencio que acompañaba a las procesiones cuando era pequeña. La verdad es que sobrecogía más si cabe. Ahora observo que, muchas veces, las personas que están mirando la procesión mantienen una actitud demasiado ruidosa, y me gustaría que esto se evitara. No hay que olvidar que para muchos es un acto religioso muy importante y para otros una tradición que debe respetarse.
¿Querrías añadir algo más?
Sí, agradecer a la Cofradía del Cristo de los tambores este nombramiento, a la Junta de Semana Santa el esfuerzo continuado por mantener y engrandecerla. Por último animar a los andorranos para que sigan participando y transmitiendo a nuestros hijos la grandeza de la Semana Santa andorrana.










