Martín García Pascual, nació en Andorra en 1950. Casado con Sara Ginés, tienen dos hijos y cuatro nietros. Desde que tenía aproximadamente 4 años es cofrade del Nazareno.
Recogemos en esta entrevista sus recuerdos, añoranzas, emociones y su sentir como cofrade de esta antigua cofradía andorrana. Una cofradía a la que pertenece Martín por tradición familiar y en la que ya estaban sus antepasados.
Única cofradía en la que todos los cofrades cumplen esta condición, descendencia de una sola familia “Los Serenos”.
Cada Semana Santa, Martín repite el rito que inició desde muy niño y procesiona en la actualidad como cetrillero (tomó el relevo de Cosme García), con gran respeto e indisimulada devoción junto a su querido Nazareno. Martín nos dice que el sentimiento se lleva en la sangre y que la emoción, cuando es auténtica, cuesta mucho controlar y, a la vez, es muy difícil de explicar.
- En las fotos antiguas se aprecia claramente que no se llevaban túnicas, ni capas. Cuéntanos lo que recuerdas del proceso de cambio en la indumentaria del Nazareno
En principio se salía a procesionar sin túnicas; posteriormente los porteadores de la peana, sólo ellos, llevaban túnicas negras, y a partir de 1960/61 se comenzó a llevar la túnica morada con botones, capirotes rojos con escudo blanco, cíngulo dorado y guantes blancos por parte de todos los cofrades.
Cuando me dieron la vela con 8 o 9 años era todo un orgullo, para mí era alcanzar otro escalafón más. Poco a poco, me sentía más unido a mi paso.
A partir de 1966/67 se incorporó la capa y el capirote rojo, tal y como se procesiona actualmente.
- Parece que hace bastantes años el Nazareno iba custodiado por cuatro penitentes, uno en cada esquina de la peana. ¿Como ha sido la transformación a lo que tenemos hoy en día, dar la vuelta al Nazareno “cruce” antes de procesionar y tocar al finalizar la marcha real por parte de los penitentes?
Esto que comentáis tampoco lo he vivido yo, de ello hace ya más de 80 años. La verdad que sería muy bonito que volvieran a hacerlo como antaño. Creo que se intentó llevar la idea en una asamblea general de la Junta Local de la Semana Santa hace unos años, pero entonces los penitentes eran muy pocos y no se pudo realizar.
Si que me parece recordar, de cuando era muy pequeño, que los penitentes en la Procesión del encuentro amenazaban con las lanzas a la Dolorosa para que no pudiera acercarse a su hijo. Seguro que los más mayores también tendrán en su memoria esa curiosa e impactante imagen.
Tanto el “cruce” de los penitentes al inicio de las procesiones, como el toque de la marcha real por parte de los mismos al finalizar la procesión en cuanto el Nazareno hace aparición en la Pza de la iglesia, son dos momentos muy bellos y emocionantes.
- Hablando de la historia del Nazareno, parece que, los tres hermanos García hijos de Macario García Valero y Francisca Félez Valero fueron quienes compraron el segundo Nazareno, ya que el primero del que se hicieron cargo sus padres desapareció en la guerra civil. Uno de ellos ¿era tu abuelo o tu bisabuelo?
Los tres hermanos eran José, Miguel y Pascual. Miguel era mi bisabuelo. Y yo siempre salía de pequeño con mi padre, mi abuelo y mi tío en todas las procesiones.
La talla más antigua dicen que era una talla articulada. De la misma se conserva tan sólo la primera túnica y un pie. Las hermanas Dominicas de Belchite elaboraron un cuadro con esa reliquia y, actualmente, está expuesto en la sala general donde se recogen algunas piezas muy antiguas en el centro expositivo de la Semana Santa.
El actual Nazareno es una talla de madera de cuerpo entero. En 1960 se elaboró una túnica nueva bordada por las jóvenes de las familias de la cofradía. La actual fue realizada por las Madres Dominicas de Alcañiz.
- ¿Recuerdas cuando comenzaron a procesionar las mujeres aproximadamente?
Creo que las primeras mujeres en procesionar fueron Belén García y Mª Carmen la “Pitayas” de muy pequeñas en 1961. Y a partir de 1968/69 ya empezaron a salir más mujeres con túnica.
Tengo que decir que el papel de las mujeres es esencial; son ellas las que, además de participar también en las procesiones, se ocupan de tener todo preparado (capirotes, capas, cíngulos, faroles, guantes, …) cada Semana Santa. Estaban siempre en la sombra, pero su implicación y dedicación resulta fundamental.
- Si tuvieses que destacar algún momento en la semana santa andorrana, ¿cuál sería?
Para mí, hay dos momentazos muy emocionantes: ver desde el balcón del ayuntamiento el “encuentro” la tarde/noche del martes santo de la Virgen de los Dolores con su hijo Jesús. Es una procesión de recogimiento, de humildad, de autenticidad, de sobriedad. También vivo con mucho sentimiento cuando, en la plaza de la iglesia, hacen el impresionante “cruce” los penitentes al Nazareno justo antes de procesionar. Son instantes en los que, casi siempre, se me saltan las lágrimas. Cada año hay más gente en las plazas de la iglesia y del ayuntamiento que no quiere perderse estos mágicos momentos.
- ¿Cuántos años hace que llevas el Cetril (cruz de mando)?
Pues unos 12 años. Antes que yo lo llevaba Cosme y cuando él se retiró lo cogí yo. Para mí es un orgullo estar a cargo del control de los cofrades que llevan la peana, ordenar las filas y encender los faroles que, por cierto, son de llama natural. Llevar la cruz de cetrillero lo asumo como una gran responsabilidad, pero lo hago con agrado y siempre lo mejor que puedo.
- ¿Recuerdas si antiguamente el Nazareno iba detrás de San Juan en las procesiones?
Antes de la guerra civil sí que recuerdo que me comentaban que el Nazareno iba detrás de San Juan. Yo creo que era así porque el antiguo paso de San Juan no llevaba la figura de Cristo crucificado. Cuando compraron el nuevo San Juan ya con las figuras del mismo (San Juan, la Virgen y el Cristo crucificado), el Nazareno ya procesionó siempre delante. De esta forma se sigue todo el orden de la historia de la pasión.
- ¿Alguna anécdota destacable o que recuerdes con cariño?
Tengo varías anécdotas:
Siempre que procesionamos, me acuerdo que,cuando pasamos por donde vive el tío Ricardo “el Cortés”, a mi abuelo Martín en 1.963 el día de jueves Santo le dió una embolia en plena procesión; con una silla lo tuvieron que llevar a casa de mi abuela y murió el Domingo de Resurrección.
Otra anécdota curiosa es que de bien pequeño, salió Mosen Carmelo a la plaza de la iglesia en una procesión y dijo “l¡os chicos fuera, a casa!” y los cofrades le respondieron “pues si se van los chicos, nos vamos todosrectificó y dijo: ¡vale, vale, pues que se queden! Esto me lo contaba mi abuelo, porque yo apenas lo recordaba.
También era tradición que detrás del paso del Nazareno iba un niño pequeño vestido también de Nazareno, con una corona de espinas y una cruz de madera. Hay alguna foto que nos testimonia gráficamente este recuerdo.
Como dato curioso, os diré que solamente me he perdido una procesión en toda mi vida, porque hasta en la mili (entonces duraba dos años), tuve la suerte de poder venir a procesionar a mi pueblo y a acompañar a mi Nazareno.
Muchas gracias Martín y Sara por atendernos en vuestra casa y compartir estas vivencias y recuerdos del Nazareno
(Isabel Alloza y José Ángel Aznar)










