Pregón
PregÓn
Pregón de José Ignacio Adell Alquezar
 
2011
 
Sr. Alcalde y Concejales, Sr. Cura Párroco, Sr. Presidente de la Junta Local de Semana Santa, miembros de las diferentes Cofradías, amigos andorranos y todos los que estos días nos honráis con vuestra presencia.

Sean mis primeras palabras de agradecimiento al Presidente y a los Miembros de la Junta de la Cofradía del Cristo de los Tambores y Bombos por la confianza que han depositado en mi, al concederme el honor de ser el pregonero de nuestra Semana Santa.

Tampoco me olvido de vosotros que habéis querido arroparme con vuestra presencia, cariño y amistad, en un día tan especial para mí.

A todos, mi más sincero agradecimiento.


Días, sin embargo, que serán tristes, para las familias de los seis Miembros de la Brigada Heliotransportada que fallecieron en trágico accidente. Con un especial recuerdo de los andorranos Esteban Galve y Javier Benaque.

Pero aquí está el pregonero, abrumado, viendo, con ojos de asombro todos los Estandartes y el desfile de los Penitentes, sintiendo la misma emoción que me embargaba cuando era pequeño y veía pasar las procesiones junto con mis abuelos, Calixto y Juana María, desde el balcón de su casa, que ya no existe, en la calle de las Escuelas.

Son sentimientos inolvidables ya que la Semana Santa es una tradición, cuya historia se remonta en el tiempo y que recibimos trasmitida de nuestros antepasados, gracias a los cuales esta Semana Santa actual es posible.

Así que todos nosotros tenemos la obligación de dejarla como legado a las generaciones venideras, sintiéndonos parte de algo grande, que no por repetido deja de ser irrepetible.

No sé lo que esperáis de mi, no se lo que queréis escuchar pero yo sí sé lo que os quiero dar: Los redobles del tambor que llevo metidos en mi corazón y la reflexión sobre la pasión de Cristo, sobre su muerte en la Cruz, sobre su Resurrección, venciendo a la muerte, dándonos una nueva esperanza. Dios hecho hombre se sacrificó por todos nosotros y nos exculpó diciendo "...Perdónales, pues no saben lo que hacen...".

Para nosotros la Semana Santa comienza hoy, con este acto, y mañana con la exaltación del Tambor y el Bombo.

Pero la realidad es que son varios días de fervor y recogimiento empezando por el Domingo de Ramos con la procesión de la “Burrica”, acompañada por su Cofradía, fieles portando ramos de olivo y rodeada de niños que, con sus caras de alegría y sus palmas llenas de chucherías, dan escolta al Rey de Reyes.

Es la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

Tenemos que subir el Cristo de los Tambores a San Macario y que mejor forma de hacerlo que rezando el Vía Crucis y pensando, en cada una de las Estaciones, lo que vamos a vivir durante los días siguientes.

No os cuento nada nuevo, es nuestra Semana Santa y lo que siento en ella.

Estamos en Martes Santo y es la procesión del Encuentro: Es el encuentro entre Jesús y su Madre, entre una madre angustiada, que sale a la calle, y ve a su hijo custodiado por los Penitentes. Cuando este divino encuentro se ha producido, te fijas en los mantos que llevan tanto el Nazareno como su Madre y piensas en las jóvenes, muchas de ellas actualmente abuelas, que en su día los bordaron poniendo, en cada puntada, todo su esfuerzo y todo su cariño, aunque los que lleven ahora ya no sean aquellos que ellas bordaron.

Cada día de la Semana Santa me trae unos recuerdos diferentes.

Jueves Santo:

La procesión del Silencio, sin ruidos, sin bombos, sin tambores, con recogimiento después de haber celebrado la Cena del Señor. Con el olor a cera derretida de los cirios colocados en el Monumento, donde luego hay que rezar y tal vez nos toque hacer la “vela”.

Muchos de vosotros os acordaréis del día, cuando desfiló por primera vez, en la procesión, la Cofradía de San Juan y hubo que reducir la altura de la cruz, porque no cabía por la puerta de la Iglesia.

Son cosas que pasan. Son recuerdos.

Van a ser las doce de la noche y estamos preparados, todos uniformados con nuestras túnicas negras, fajines rojos, terceroles, tambores y bombos.

Aunque esta uniformidad es historia reciente, pues no ocurría así hace más de cincuenta años cuando salíamos a tocar unos cuantos amigos, que nos juntábamos en los porches de la Plaza y nos preparábamos para romper la hora o salir en las procesiones, no con túnica, sino con una sotana de seminarista que al ser negra no desentonaba.
¿Verdad José Maria?

Llega el momento sublime; estamos con emoción contenida, preparados con las mazas y palillos, esperando el momento de que con la primera campanada de las doce de la noche, suene, desde el balcón de la Casa Parroquial, la trompeta que de la señal para que el redoble de miles de tambores y bombos ROMPA LA HORA.

Es algo indescriptible para los que tocamos y sobrecogedor para los que nos escuchan.

Si estás fuera, es sentir un nudo en la garganta y mucha tristeza, al no poder oír estos redobles de los tambores rompiendo la noche.

Es tan importante que se repite a las doce del mediodía del Viernes Santo, para que participen los más pequeños.

Pero la noche no termina ahí, viene la subida a San Macario. La procesión de las “Antorchas”. Vamos a disfrutar de la vista nocturna de esa montaña, tan querida por todos, tan cuidada y bien conservada. Iluminado todo el camino, lleno de miembros de la Cofradía del Cristo de los Tambores y Bombos que suben en procesión, a buscar a su Cristo.

Es emocionante escuchar, en completo silencio, la oración que el Sacerdote le dirige, y que es seguida con gran devoción y respeto por todos los asistentes.

El descenso con el Cristo, arropado por Bombos y Tambores e iluminado con las antorchas, es impresionante y creo que único en este país.

Ya estamos en Viernes Santo. Se celebran dos procesiones: La del Pregón: Es la lectura de la sentencia a Cristo. Mientras dura esta lectura, el respeto es absoluto, cesa el redoble de tambores y bombos, es porque anuncia, conmoviendo conciencias y corazones, que la condena a muerte de Jesús es sin piedad ni remordimiento.
Por la noche, hermosa, completa y llena de sentimientos: La procesión del Santo Entierro.

Soberbia y fervorosa procesión. El toque de bombos y tambores, los pasos de todas las Cofradías… en mi caso es importante la de María Magdalena, de la que eran cofrades mis abuelos, lo fueron mis padres y lo seguimos siendo nosotros.

Me recuerda a mi madre y las lágrimas que siempre le caían cuando pasaba la Magdalena por delante de casa.

No pueden pasar desapercibidos los Penitentes, con sus brillantes uniformes y sus marciales andares, desfilando junto al cuerpo yacente de Cristo. Como colofón los sones de la Banda de Música tocando melodías serias y profundas en consonancia con la fecha en que estamos.

La Virgen se queda sola, ha muerto su hijo, es el sufrimiento de una madre con el corazón traspasado por la pena. Para consolarla sale la procesión de la Soledad, al día siguiente, Sábado Santo, acompañada por las antiguas Esclavas de la Virgen, ahora Manolas, elegantes, de negro, dignas y señoriales, con peineta y mantilla española, encarnando el respeto y la solemnidad del momento.

En la Plaza de la Iglesia le esperan todos los tambores y bombos para darle el último adios y tocar sus redobles finales.

Se acaba el toque de bombos y tambores, pero no debemos dejar de reflexionar y pensar, como decía al principio, que Jesús ha muerto en la cruz y lo miramos con fe, con agradecimiento, porque con su muerte nace la vida para todos nosotros.

Al día siguiente Domingo de Gloria. Su amanecer nos trae de nuevo la esperanza, amanece soleado, y el júbilo se refleja en los rostros de los cofrades y en el de los representantes de todas las Cofradías, que acompañan en la procesión a Jesús Resucitado. Nos deja su mensaje, con las huellas de su sufrimiento y sin dejar de mirar al cielo, nos conduce junto al Padre.

Termina la Semana Santa.

Estáis pensando que todo esto ya lo habíais visto y lo sabíais. Es verdad, pero son mis recuerdos, que los tengo y los trasmito a todos los que me preguntan por la Semana Santa de Andorra.

Semana Santa declarada de INTERES TURISTICO NACIONAL, enclavada en la Ruta del Tambor y el Bombo, de donde todos los visitantes se van encantados. Pero todavía disfrutamos más los que con nuestros palillos, nuestros tambores, nuestras mazas y nuestros bombos ponemos todo el entusiasmo y energía para que sean las procesiones más sonadas y renombradas.

Ahora debemos conseguir que la UNESCO acepte la solicitud presentada por la Dirección General del Patrimonio del Gobierno de Aragón, e incluya LOS TAMBORES, de los distintos pueblos de la Ruta y de las Comunidades de Murcia, Andalucía, Valencia y Castilla la Mancha en "LA LISTA REPRESENTATIVA DEL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD".

Para los andorranos ausentes y para los visitantes es sensacional ver el interés que todas las Autoridades eclesiásticas y civiles ponen para potenciarla. No debe faltar este impulso y esta unión para poder llegar al Lunes de Pascua diciendo, como siempre, que esta Semana Santa ha sido la mejor, con más participación, y la más destacada de todas.

Para finalizar os invito a vivir la Semana Santa en toda su dimensión, esplendor y recogimiento. Que sea esta del 2011 la que nos traiga los mejores recuerdos, las más grandes alegrías y las mayores satisfacciones.

Es lo que os deseo a todos muy cordialmente.

José Ignacio Adell Alquezar
 
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