Pregón
PregÓn
Pregón Semana Santa Andorra 2019 pronunciado por Emilio Vidal González
 
2019
 
Autoridades, Sr. Cura Párroco, miembros de las diferentes Juntas y del Cristo de los Tambores y Bombos, a todas las cofradías, a todo el pueblo de Andorra, muchas gracias. Gracias por vuestro trabajo tan bien realizado, que hace posible la realidad y la importancia que tiene hoy la Semana Santa de Andorra y del Bajo Aragón.

Nos han oído, vaya, que nos han oído, con tambores y bombos...... y sin ellos también, que aparte de tener la Semana Santa declarada de Interés Turístico Internacional, también la Unesco nos concede ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Lo de inmaterial, no termino de entenderlo porque material aquí hay para rato.

Cuando recibí la llamada de Fernando para comentarme la elección de mi persona para tan importante acontecimiento, estaba por Gibraltar y según iba contándome, las piernas me comenzaron a temblar, no podía dar crédito de que esto me estuviera pasando. Cuando colgué el teléfono, vinieron a mi mente, como si fuera una película a cámara rápida todos los recuerdos relacionados con la Semana Santa a lo largo de mi vida. Esa noche no pude dormir.

Siempre he sentido una especial admiración a las personas que cada año elegían para esta misión, sin pensar nunca, que algún día me tocaría a mí. Pues aquí estoy.

Pero hoy, no debería estar aquí, no lo merezco, al menos yo solo. Deberían estar aquí también conmigo, las personas que me inculcaron los valores, la educación, los principios, la religión, la tradición y todo el cariño que tengo y siento por la Semana Santa de Andorra. Esas personas son mis abuelos Antonio e Isabel, Carmen mi madre, que ya no están con nosotros, Antonio, mi padre, mi mujer Yolanda, que desde novios siempre ha estado a mi lado en todo esto, a mis hijos Emilio José y Yoly y a mi reciente nieto, Guillermo. A todos mis amigos del pueblo y muy especialmente a mis amigos hermanos Agustín y Hermi, que son mis ojos y mis manos aquí en Andorra.

Mis abuelos y mi padres, desde niño siempre han sabido trasmitirme lo importante que para ellos era la Semana Santa, contagiándome de esa responsabilidad de que nunca se quedase una túnica en el armario sin salir en las procesiones. Gracias a todos ellos, hoy estoy aquí y muy seguro que desde el cielo, mis abuelos y mi madre estarán orgullosos de que hicieron bien su trabajo conmigo. Espero y deseo hacer yo el mismo trabajo con mis hijos y mis nietos.

Recuerdo con mucho cariño el día de Domingo de Ramos, siendo muy niño, como mi abuelo se levantaba temprano para ir andando a Carchea a traerme un ramo de almendrera en flor para salir con él, de la mano, en la procesión de la Burrica.

Otro día muy especial era el martes Santo, con la procesión del Encuentro entre Jesucristo y su Madre. Realmente conmovedor ese momento en que se ven, cara a cara y ese dolor de una madre por ver sufrir a su hijo. Hace ya muchos años que por motivos de trabajo y la distancia no puedo ver ese momento del que guardo en mi mente como un recuerdo imborrable y que este año gracias a ser pregonero, voy a quedarme toda la Semana Santa para disfrutar de todos los actos.

Ya es Jueves Santo y los nervios empiezan aflorar y el corazón a latir con más rapidez. Que las flores del Santo estén bien, las capas planchadas, el tiempo no nos impida salir de la Iglesia. Recuerdo todo eso cuando de niño me llevaba mi abuela con el resto de la familia para participar en la limpieza y preparación de nuestro Santo, La Verónica. Actualmente y por motivos profesionales se puede decir que llego a Andorra a mesa puesta y no podéis imaginar lo que añoro poder volver hacerlo.

Ya estoy deseando entrar el Jueves Santo en la iglesia y ver todos los Santos ya cada uno en su sitio esperando la hora de la procesión del Silencio, después mis ojos, otro año más miran al altar para ver este precioso Cristo, que parece estar ascendiendo a la derecha del Padre.

La visión que proporciona desde los ojos del capirote es sobrecogedora a la vez que más respetuosa, si cabe, para ver cómo vamos desfilando todos los Santos al acorde de la banda de cornetas y el paso lento y preciso de los Penitentes con sus tambores y bombos. Ya estamos dentro de la iglesia una vez terminada la procesión y hay que apresurarse para llegar a tiempo de Romper la Hora.

Que sensación, que escalofríos recorren mi cuerpo cuando todos estamos en la plaza rebosante de bombos y tambores en nervioso silencio, esperando la señal de las 12 en punto y se produce ese sonido estremecedor, para anunciar la muerte de Cristo.

Si hay un acto entrañable para mí, es la subida a San Macario. Esas antorchas marcando el camino, ese silencio respetuoso cuando el Párroco relata el sermón y finaliza.....“Señor escucha a tu pueblo" y vuelve el sonido de tambores y bombos para iniciar el descenso del Cristo, que portan con orgullo los cofrades para llevarlo a la Iglesia, es impresionante.

El Viernes Santo después de volver a romper la hora a las 12 de la mañana, cuando se acerca la hora de la comida ,me vienen los recuerdos del olor y el sabor de los platos que preparaba mi abuela. Que judías de ayuno y que albóndigas de bacalao.....Soberbias. Nuestras abuelas y madres sí que eran y son, merecedoras de estrellas Michelin.

Son las 6 de la tarde y la procesión del Pregón empieza. Es increíble ver, oír, sentir, como se mezclan los sonidos de tambores y bombos con las palabras del Pregón que van leyendo a lo largo del recorrido y ese olor a incienso que desprenden los pebeteros de la Cofradía del Descendimiento (La Piedad ).

Para mí todo esto es característico y forma parte de este paisaje que proporciona la Semana Santa, haciendo de Andorra un lugar que no puedes dejar de pensar en volver a vivirlos.

Por fin son las nueve de la noche y la procesión del Santo Entierro, o la larga, como a veces se le llama, empieza a desfilar. Ahora sí que los nervios empiezan otra vez aparecer y el corazón a palpitar. Es uno de los mejores actos de estos días para mí, puesto que me entusiasma ver a todas las Cofradías, Penitentes, Bombos y Tambores, Banda de Música, autoridades, vecinos de esta Noble Villa, todos juntos para participar en un acto tan solemne y respetuoso que no deja a nadie indiferente.

Una vez llegado a la plaza, veo con admiración y respeto como van llegando todas las imágenes y demás participantes, para que cuando llega el Nazareno, escuchar ese toque de honor al entrar en la Iglesia. Después, para finalizar, ver como los Penitentes inician su retirada a su cuartel, para esperar hasta el próximo año, me conmueve.

Llega el momento de salir en la procesión de la Soledad el Sábado, todos los que participamos acompañamos a la Virgen para intentar mitigar su dolor. Le damos nuestro pésame con los toques de tambores y bombos, que una vez llegado a la plaza de la Iglesia, van cambiando los diferentes sonidos que anuncian que el final está llegando.

Cuando desde el balcón nos hacen señal de parar todos a la vez, tengo que reconocer que al finalizar, las lágrimas recorren mis mejillas. Es una mezcla de sentimientos por la vivencia de todos los actos ya realizados y el pensamiento de lo largo que se me hará esperar todo un año para volver a sentir de nuevo la ilusión de otra Semana Santa en Andorra.

En la mañana del Domingo, que mejor manera de celebrar la Resurrección de Cristo, que salir en Procesión para anunciar que está y estará por siempre con nosotros.

Qué pena que la Semana Santa ya termina.

Me marcho de Andorra con una combinación de nostalgia y alegría.

Nostalgia porque parto y no sé cuándo volveré. Alegría porque pienso que la próxima Semana Santa en Andorra, si Dios quiere, aquí estaré.

Parto a otras tierras, pero mi corazón, mi alma, mi mente y mis raíces, están aquí con todos vosotros en esta Noble Villa.

Muchas gracias a todos.
 
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  Pregón Semana Santa Andorra 2019 pronunciado por Emilio Vidal González
 
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