Pregón
PregÓn
Pregón Semana Santa Andorra 2018 pronunciado por Loli Juste Félez
 
2018
 
Buenas tardes

Autoridades, señor Párroco, miembros de las cofradías, Junta Local, familiares y amigos, a todos los que estáis presentes y a los que por diversas circunstancias no podéis estar aquí, tengo que daos las gracias por acompañarme de una forma u otra.

Antes de iniciar estas palabras, quisiera agradecer este nombramiento que para mí, supone un gran privilegio y un orgullo desbordante difícil de explicar, como Andorrana, y amante de la Semana Santa que soy.

El día en que recibí la llamada de Fernando, llevaba a mi hija en el coche; al descolgar y tras el saludo comenzó a explicarme… Fueron unos pocos minutos,  pero en ese corto espacio de tiempo, a la vez que escuchaba me iban invadiendo todo tipo de sentimientos: Ilusión, miedo, alegría, sorpresa, nervios, júbilo, orgullo, Felicidad! Me asaltó una risa histérica y nerviosa al oír a mi hija que estaba escuchando por el altavoz y gritando desde detrás” Si , Si , Si mamá Siii “….Ella gritaba eufórica. Realmente lo estaba, tengo que decirles que ella ha escrito también unas palabras.

Por la noche, cuando desde la calma ya pude pensar a solas, mi marido se encontraba de viaje y mi hijo no estaba tampoco conmigo, me invadió una nueva sensación, la del miedo escénico. Cómo explicar que es la Semana Santa para mí, hacerlo en unos pocos minutos, ante mi pueblo…  ¡Casi nada!  Sólo supuso una noche en la que apenas pude dormir. Pero en la madrugada, me desperté pensando en una gran frase que leí una vez: Preparar una presentación sin el público en mente, es como escribir un discurso de amor empezando con: “A quién le pueda interesar”.
Así que me empecé a soñar despierta...

Me fui del pueblo muy jovencita ya que, desde que salí a estudiar a Zaragoza tras finalizar el bachillerato, no he regresado de manera permanente, por lo que alguno de ustedes quizás no me ubique entre las familias del pueblo. Pero en mi familia, hay tres pilares que sirven de referencia y que les van a sacar de estas dudas: Mi padre Joaquín Juste, q.e.p.d., al que envío un beso muy fuerte, y al que seguro que le hubiera encantado estar con nosotros este día, acompañándonos y  encabezando las procesiones familiares; mi madre, Dolores Félez “La Casera“, nieta de Joaquín Pascual “El Casero“, gran cantador de jotas y en su juventud rondador del pueblo, una pena ha sido que ninguno hayamos heredado ese don que él tenía. Para los más jóvenes, tras mi ausencia y sin ser mi residencia habitual Andorra, de repente pasé a ser la “hermana“ de Javi Juste, él me había tomado la delantera..

Me han dejado sobre todo herencia los “Caseros”, con gran parecido a mi madre según los que me conocen y lo que me ha permitido el lujo de pasar a ser “La Caserica” en la línea de sucesión.

Nací un viernes de Dolores, de ahí mi nombre y creo que un preludio de que la Semana Santa iba a estar muy ligada a mí. Tengo que decirles que mi familia pertenecemos a la cofradía de La Soledad “La virgen de los Dolores”, “La Dolorosa“ como se suele llamar, y como pueden ver yo no podía pertenecer a otra, todo está bastante ligado…

La Semana Santa, momento crucial en la historia del Cristianismo, éste periodo del año en el que unos lo viven según su creencia en la fé cristiana, celebrando todos los momentos destacados en la vida de Jesús de Nazaret:  Pasión, Muerte y Resurrección; otros como una gran tradición, otros como días de fiesta y vacaciones, momento de descanso y de reencuentros familiares que año tras año sigue un mismo patrón, pero que cada año es único, diferente y que nos deja una huella imborrable.

La Semana Santa, siempre teniendo en consideración lo que estos días suponen en nuestra religión y trasladando estas fechas a un contexto de tradiciones y rituales, me invaden cientos de recuerdos y momentos inolvidables,  sobre todo de la infancia y la juventud que me transportan a ellos. Retroceded conmigo en el tiempo, rememorar esos instantes que a pesar de los años, los más jóvenes los siguen reviviendo hoy en día, pasan de generación en generación.

Comenzando por el ritual de las túnicas y las capas de la cofradía, ese entusiasmo que me invade al verlas colgadas todas juntas una detrás otra, planchadas, colocadas  por tamaños para que en el momento de cogerlas nos sea fácil acceder a ellas; los capirotes, las velas, los faroles... Los tambores, preparados con los palillos colocados en sus cintas, todos ordenados en fila, tensados en casa por mi hermano para toda la familia. Ese ritual previo al momento del inicio de las procesiones que incluso hoy en día, cuando vengo de viaje, en ocasiones casi coincidiendo con el comienzo de la procesión, y veo todo prácticamente preparado, me emociona evocando recuerdos infantiles.

Enseguida me vino a la memoria El domingo de Ramos con la procesión de la entrada de Jesús en Jerusalén, “La Burrica”, todos vestidos con las mejores galas, en parte debido a ese refrán popular que se ha mantenido hasta nuestros días que dice “ El domingo de Ramos el que no estrena no tiene manos...”, así que solíamos estrenar algo para lucir en la procesión. En ocasiones, un simple pañuelo, pero no podíamos romper con esa costumbre que venía de antaño.

La procesión, con esa palma que nos compraban nuestras madres o madrinas, de las que colgábamos un sinfín de caramelos y chicles de colores de diferentes sabores para luego poder comérnoslos, la búsqueda en la plaza de mis amigos donde empezábamos una batalla oral de quién llevaba más cantidad y los caramelos más ricos...  
Una vez pasada esa época, cuando íbamos creciendo, cambiabas la palma que te quedaba infantil por la rama de olivo, con la que te sentías que pasabas la frontera de la niñez y te hacía sentir bien, pero en el fondo no dejabas de añorar tu palma llena de dulces y mirabas con anhelo a los más pequeños.
Recuerdo salir con mi amiga Mariví algunos Domingos de Ramos en la procesión de la Burrica ya que era la primera en salir daba el inicio a la Semana Santa.

El Martes Santo, la procesión del encuentro entre la Virgen y su hijo Jesús en la plaza del Ayuntamiento. Además de la solemnidad del acto, precedido por el cruce de los penitentes, ese silencio que supera la ficción por lo  que representó ese reencuentro entre una madre y su hijo crucificado…. Mi momento ese día era el hecho de que el Sacerdote rezaba la oración desde el balcón de la casa de mis abuelos. Cuando era muy pequeña, recuerdo estar escondida detrás del paño que cubría los barrotes del balcón, a los pies del cura, contemplando la escena que realmente es conmovedora y desde una posición envidiable.
Recuerdo cuando éramos más jovencitos, la subida hacia la iglesia por la calle Aragón, a la hora de la procesión,  con las túnicas, las capas y el capirote en la mano todos detrás de mi padre, subíamos con paso ágil para que la capa tuviera movimiento e hiciese vuelo, simultáneamente, lanzabas miradas de reojo a la gente a tu paso y te iba invadiendo una sensación de orgullo y satisfacción, pensando el privilegio que suponía poder pertenecer a una cofradía.

La llegada a la iglesia, allí estaba Isidro “El Botellas”, coordinando que todo estuviera en orden. Tal y como llegábamos nos iba dirigiendo, nos daba indicaciones de nuestras posiciones, de cuándo y cómo debíamos colocarnos, de si te tocaba llevar el farol o esta vez no podías porque ya los habían solicitado otros antes que tú, y si te llamaba para llevar el estandarte, entonces estabas de suerte, ibas a encabezar la cofradía. Recuerdo a mi amiga Loli que durante algunos años vino con nosotros a las procesiones de la Dolorosa. ¡Vaya, como corríamos para coger ese farol!

Imposible ignorar cuando éramos niños y no tan niños, como desde la procesión saludabas con la mano baja y con un movimiento apenas imperceptible  para que tus amigos supieran que eras tú, en ocasiones oías despacito que decían tu nombre, y otras veces, si no habías saludado, ¿cómo te habían reconocido? A buen seguro que era por los zapatos, por lo bajo o alto que eras, por tu forma de caminar... Sonreías por dentro. ¿Quién de nosotros no lo ha hecho? Hoy en día continuamos haciéndolo cuando estamos con los amigos viendo el paso de las cofradías, seguimos intentando reconocer y reconocemos, a algunos de ellos por su porte y su forma de caminar, sin que nos quede duda alguna.

Mención especial a la noche de Jueves Santo con la procesión del Silencio y a las 12 el acto de Romper la hora... Instante cumbre entre los actos de estos días en el que manifestamos y  revivimos un torbellino de emociones. Ese momento previo al inicio en el que casi puedes oír tu corazón latir y tu pulso se acelera vertiginosamente hasta llegar a su punto álgido con el estruendo de los tambores y bombos. Todo un espectáculo arrebatador, inexplicable y sobrecogedor, de gran intensidad, que todo el mundo debería de vivir o presenciar alguna vez en la vida.
 
Otro de los momentos memorables en mi vida Semanasantera, fue la primera vez que pasamos tocando toda la noche de Jueves Santo. Como si fuera ayer, recuerdo el momento en el que le pedí a mi padre si podría quedarme con la cuadrilla de amigos toda la noche tocando el tambor, la subida a la ermita de  San Macario hace algunos años era a las 5 de la mañana, la alegría que me supuso oír ese “Si, pero tened cuidado“. Así como horas después, ya por la mañana temprano, cuando bajábamos por la calle hacia la carretera y lo vi, esperando en la puerta de casa. Esa sensación de cansancio mezclada con el sentimiento de orgullo que manteníamos todos por haber aguantado toda la noche sin dormir, nos sentíamos como los héroes de un cuento.

Esta cuadrilla de amigos que viven todos los actos de la Semana Santa como si fueran únicos e irrepetibles, y creo que  para la mayoría de ellos al igual que para mí, estas fechas son particularmente especiales entre todos los acontecimientos que tenemos en Andorra.
Impactante es siempre la procesión de las antorchas, acompañadas por los tambores y bombos hacia la ermita de San Macario, con ese olor que dejan las antorchas tan característico al pasar. Esa subida nocturna, algunos años con un frio gélido, que sólo puedes quitarlo repicando el tambor o bombo, a la espera de la ceremonia solemne  de la salida del Cristo de los tambores de la ermita, breve, pero de una intensidad sobrecogedora y apasionante.

Viernes Santo, entrañable era la tradicional bandeja de Bacalao desmigado que nos hacían para la comida mi madre y mi abuela, y digo hacían porque a nosotras ya no nos sale igual, las abuelas y las madres les dan ese toque especial en las comidas familiares que las hacen únicas... Esto tampoco me ha quedado de herencia. Y como olvidar, la vigilancia que hacia mi abuela a la nevera para que no se nos olvidase a ninguno, el día que era y que no picásemos nada de carne o embutidos entre comidas...

La procesión del Pregón por la tarde antecede a la del Santo Entierro, única, imponente y extraordinaria procesión con todos los pasos, tambores y bombos, donde en los años que apenas habías dormido y el cansancio empezaba a hacer mella, intentabas sacar fuerzas de donde ya casi no había y ser partícipe de este momento.

Personalmente creo que uno de los momentos más emocionantes de la Semana Santa y que cada año es más sorprendente y espectacular es la procesión de la Soledad el Sábado Santo, la entrada de la Virgen en la plaza con el repique de tambores y bombos acompañándola a la entrada de la iglesia y dando el cierre a nuestra semana Santa tamborilera. El ímpetu, la pasión e intensidad con las que redoblan nuestros tambores y bombos hacen que te estremezcas, y hacen presagiar, casi palpar que algo va a suceder... y es el final de nuestra Semana Santa, un año más.

El Domingo de resurrección, con el reciente paso de Jesús Resucitado, que conmemora la resurrección de Jesús, y que nos muestra el momento álgido en la vida del Señor, la Resurección. Celebrado también tradicionalmente el lunes de Pascua, por todos llamado “Pascuica“, donde vamos al campo a celebrarlo con los amigos. Actualmente no puedo quedarme por temas de trabajo, pero si hecho la vista atrás tengo cientos, miles de recuerdos divertidos con la cuadrilla: los preparativos y compras, las paellas, las salidas con el tractor, ese olor a brasa que llevábamos todo el dia, juegos, bailes... Estos recuerdos siempre nos hacer reir cuando los mencionamos con los amigos y... ¡Hay tantos!

Orgullo por esta Semana Santa que desde hace unos años atrás es si cabe más respetuosa, más solemne y mucho más participativa como podemos apreciar en el grupo de nuestros “Penitentes“, que actualmente tienen un gran número de miembros, perfeccionando año tras año sus marchas, movimientos y marcando los pasos de forma más imponente. Este año, todos estamos de luto y lloramos la ausencia de nuestros amigos Roberto Villanueva y José Luis Iranzo que formaban parte de este grupo de Romanos y que por injusticias de la vida ya no están con nosotros. Los tendremos presentes en nuestros actos.

Así como nuestras cofradías, que echando la vista atrás, puedes percatarte de cómo avanzan en sus formas,  mucho más respetuosos y puede apreciarse como siguen aumentando el número de integrantes. La Banda de cornetas y tambores, “Los azules“, como han evolucionado desde sus inicios hace unos cuantos años y con participación de  jóvenes de todas las edades, y cómo no, los tambores y bombos que han llegado a alcanzar una calidad técnica asombrosa. Tarea imposible para los que estamos fuera y no podemos ensayar para poder seguir sus avances, pero sin perder ni un ápice la ilusión y con la misma afición de siempre.

Agradecer a las autoridades, a la junta local y a las cofradías la gestión y esfuerzo en los preparativos de todos los actos de la Semana Santa, especialmente a las personas que de forma altruista enseñan a los niños en la escuela de tambores para que crezcan apreciando, y conociendo la técnica de nuestros tambores y bombos.

Así como a las asociaciones y cofradías que hacen una labor encomiable en la organización de las Jornadas del tambor y bombo, las celebradas con los nueve pueblos de las provincia y sobre todo, Las Jornadas Nacionales que hacen de esas jornadas un fin de semana especial, único y qué esta, nuestra tradición, sea conocida más allá de nuestras fronteras. Todo este esfuerzo ha hecho que sean declaradas de interés artístico Internacional y que además sean candidatas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ante la Unesco.

Solo quisiera despedirme diciendo que la sencillez es el recurso de quien no puede igualar la técnica de otros pregones tan distinguidos que hemos oído, pero os aseguro que he pensado en cada uno de vosotros con el cariño suficiente para expresaros mis verdaderos sentimientos ante un acontecimiento tan especial en nuestra vida y nuestro pueblo como es la Semana Santa.

Gracias a todos vosotros que mantenéis las tradiciones de nuestro pueblo con presencia y participación activa.

Gracias por vuestra asistencia. ¡Disfrutemos y Vivamos nuestra Semana Santa!

Loli Juste
 
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  Pregón Semana Santa Andorra 2018 pronunciado por Loli Juste Félez
 
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