Pregón
PregÓn
Pregón Semana Santa Andorra 2016 pronunciado por Sagrario Valero Bielsa
 
2016
 
Queridos Andorranos, familiares, amigos, los de aquí y los que habéis venido de fuera. Gracias por estar aquí hoy conmigo. Gracias también a mi prima Mª Pilar por su amable presentación.

Hoy es un día muy especial para mí, por eso quiero iniciar mi Pregón agradeciendo a la Junta de la Cofradía del Cristo de los tambores este nombramiento, ello ha hecho posible que este hoy aquí con vosotros.

Para mí, Andorrana ausente que llevo a nuestro pueblo en el corazón, pero que vivo lejos de él, es un honor haber sido nombrada pregonera de nuestra Semana Santa, y me llena de orgullo porque, quien me conoce sabe que llevo a gala ser de Andorra, y presumo de su Semana Santa, aprovechando cualquier foro para pregonar cómo es, y como la vivimos.

Así que amigos míos, hoy vengo aquí a pregonar lo que vengo pregonando toda mi vida: en Andorra tenemos una Semana Santa preciosa, profunda, aquí no celebramos la Semana Santa, aquí la sentimos, la vivimos, y quien quiera saber qué es, debe venir con nosotros a sentirla y a vivirla. No hay palabras que puedan expresar el sentimiento que une a este pueblo en estas fechas.

Y eso es lo que quiero pregonar hoy: qué es y cómo se vive la Semana Santa en Andorra.

Por eso este pregón va dirigido a los Andorranos, intentando poner en palabras todo lo que nosotros sentimos en estas fechas, esperando que os sintáis identificados con ellas,  pero que a su vez, también los forasteros, que año tras año vienen a esta tierra nuestra a ver esta manifestación de religiosidad, tradición, ruido, y silencio, entiendan el sentir y latir de esta tierra.

Quiero contar que es Andorra, qué es la Semana Santa, qué son los tambores y qué es la Rompida.

Pero quiero contarlo no para que lo entiendan con la cabeza. Quiero contarlo para que lo sientan con el corazón que es donde todos nosotros lo sentimos.


ANDORRA; SEMANA SANTA; TAMBORES; ROMPIDA

Cuatro palabras.

Las he dicho quizá muy deprisa, y solo os ha dado tiempo a escucharlas, pero ¿ qué sentimos escuchando estas palabras?

Andorra. Nuestro pueblo. Cuando me preguntan de dónde soy, y contesto de Andorra, observo en la cara de quien me pregunta un extraño gesto, que yo siempre corto, aclarando: pero ojo no soy de Andorra la “ Bella”, yo soy de Andorra, la de Teruel, la que yo llamo la más “ Bonita”. Ese es mi pueblo.

Ahí naci, de ahí es mi familia, y ahí me gusta volver como a todos los que somos de Andorra, y los que sin serlo, han optado por quedarse a vivir en esta tierra.

¿Que es para mí Andorra?

Andorra es mi infancia y mi juventud, es la calle General Mola, actual Casimiro Escrig, donde nací, un 5 de enero de 1964, en casa de mis abuelos maternos; es la calle Aragón donde vívi hasta los cuatro años,  y desde donde subíamos por lo que entonces era un cabezo, y hoy está lleno de pinos, a nuestra ermita de San Macario; es la calle de San Macario donde ha transcurrido mi vida hasta que me fui a estudiar a Zaragoza.

Pero Andorra es también la carretera, actual avda San Jorge, los futbolines, los domingos en la sesión de cine del Tivoli y el Coliseum, los juegos en las noches de verano cuando salíamos a la fresca, es el edificio de parvulitos que había donde está hoy la flamante casa de la cultura, donde acudí por primera vez a la escuela, pasaba las tardes en la biblioteca, o aprendí a bailar la jota primero y a ensayar después cuando forme parte del grupo de Jota de Andorra.

Andorra, es el Instituto. Es esta Iglesia Parroquial donde hemos celebrado tantas cosas, buenas y malas.

Es nuestra ermita del Pilar, es nuestra ermita y monte de San Macario, lugar querido por todos los Andorranos como se pudo comprobar el día en que se incendió, en el que todos tuvimos el corazón en un puño.

Son mis amigas, con las que he vivido momentos divertidos y entrañables.

Es mi familia, mis padres, mis hermanos. Es mi casa, es mi hogar, eso es ANDORRA, y Andorra es también su Semana Santa, y sus tambores.

He dicho Semana Santa Y  he dicho tambores. Son dos palabras que no pueden separarse porque aquí en nuestro pueblo van inexorablemente unidas.

Algunos amigos me ha preguntado qué  es para mí la Semana Santa de Andorra. ¡qué difícil!

Como expresar un sentimiento tan profundo. Creo que la Semana Santa de Andorra es la conjunción perfecta entre tradición y religiosidad. Y Creo que actualmente es ya un acontecimiento sociocultural dotado de vida propia del que todos los andorranos debemos estar muy orgullosos, porque es nuestro,

Y como tal acontecimiento sociocultural va evolucionando con el esfuerzo y apoyo impagable de la Junta Local de Semana Santa y de la participación de todos los andorranos, pero eso sí, conservando su esencia.

Para mi Semana Santa, no son unas vacaciones más.

Semana Santa es volver a Andorra, como si respondiera a la llamada de los redobles de tambores y  bombos, algo que creo que le ocurre a todos los que no vivimos aquí.

Semana Santa es sacar las túnicas para planchar, preparar los guantes y las velas, es el nervio previo a la salida con la procesión de mi cofradía, las mariposas en el estómago previas a la Rompida, es un poner y quitar túnicas, primero de San Juan, luego del Cristo de los Tambores, y otra vez San Juan.

Semana Santa es reunión con mis amigos, es la tertulia en mi casa, entre procesión y procesión, alrededor de la mesa con una bandeja de tortas de alma y tortas de pascua,

Es comentar cómo van los Pasos, quien lleva las flores más bonitas ese año, cual el que más cofrades lleva,

Es un contar de tambores y bombos,

Es enorgullecernos porque se ha juntado la cabeza de la procesión con el final de la misma, clara muestra de que nuestra semana santa es la más numerosa de la ruta.

Es el olor del incienso del descendimiento, el tocar de las carraclas y matracas recuperando sonidos antiguos del despertar de los santos. Es el monumento en la Iglesia.

Es la búsqueda, en una de las procesiones más plásticas de las del Bajo Aragón, del Cristo de los tambores a San Macario, que curiosamente, antes de ser Monte San Macario, se llamó Monte El Calvario,

Es terminar de procesionar y salir corriendo para poder ver algo de la procesión del Santo Entierro, que como dice mi querida madre, es difícil que haya otra tan bonita y completa.

Es redoblar del tambor, y su seguido silencio.

Es el sonido de las cornetas y el desfilar de los penitentes.

Es en resumen ese sentimiento que no se explicar que hace que aquellos que no van a la Iglesia durante todo el año, participen con total devoción en las procesiones.

Y dicho esto podemos preguntarnos, qué es? ¿Es tradición, es religión? . Como he dicho al principio creo que es una sabia mezcla de ambas cosas. La religión dio paso a la tradición, pero no se entendería una cosa sin la otra.

Cuando llegan estas fechas, no puedo sino recordar todo lo vivido, y las personas con las que lo he vivido.

Y ello me lleva a pensar en La cofradía de San Juan, fundada alrededor de 1800 por un matrimonio del que procedemos los actuales cofrades, formando una familia extensa. En mi caso, tanto mi padre por un lado como mi madre por otro, vienen de los fundadores de nuestra cofradía.

Resulta curioso ese lazo de unión que une las capas verdes cuando nos reunimos en cada una de las procesiones, porque en definitiva todos tenemos un mismo origen aunque cada año se desdibujen las caras ante la participación de los hijos de los cofrades, de manera que te preguntas ¿de quien será hijo o nieto ese chico que no conozco?

Resulta curioso cuando mis hijas, me dicen –“ oye mamá he estado hablando con un chico que me dice que es familia mía, dice que es de San Juan”

Y creo que ese sentimiento de familiaridad se vive en todas y cada una de las cofradías de Andorra, porque para mí la familia es la base de esta tradición. Desde la familia se inculca a los niños el amor por el tambor, por las cofradías por lo nuestro.

No recuerdo cuando salí por primera vez con San Juan, pero sí que salía de Samaritana, delante del Santo junto con mi prima Mari, y mi hermano Jose Manuel, antes incluso de haber hecho la comunión.

Luego he seguido participando con mi familia como cofrade, junto con mi hermana Vicen, su hija Ines y mis sobrinos, y he hecho partícipe también a mis hijas Belen y Paula, porque, amigos míos, hoy podemos decir que la Semana Santa de Andorra es una tradición fuertemente enraizada, pero como toda llama hay que avivarla y para eso es fundamental que sepamos transmitir a nuestros hijos esta tradición, y no hay mejor manera para ello que hacerlos partícipes. Si ellos ven como lo vives, aprenderán a vivirla de la misma manera.

Quiero que mis hijas recuerden la Semana Santa como yo la recuerdo, con mi madre planchando las túnicas el día de Jueves santo, probándolas para ver cómo quedaban, preparando el tambor de mi padre que era de latón. Reuniéndome con mis amigas para ir a la procesión, juntándonos a las doce menos diez para ir a romper la hora, preparando Pascuica…., y quiero que estos recuerdos, que en el futuro serán sus recuerdos, se los transmitan también a sus hijos, y de esta manera seguir avivando esta llama .

Estos días me han preguntado si la Semana Santa de ahora es muy distinta de la de mi niñez. Si ha cambiado mucho. Y yo digo que, en esencia no.

La Semana Santa actual es mucho más brillante, más vibrante, más participativa que la que tuvimos en los años setenta, que siendo entrañable, era como en blanco y negro.

Pero sin embargo en esencia es lo mismo:  

Reunirnos con la familia, con los amigos, preparar túnicas,  procesionar, túnicas, tambor, romper la hora, amigos , familia ….
  
Lo único que ha cambiado es que ahora ya no son nuestros padres los que nos inculcan esta tradición, ahora somos nosotros los que la vivimos para transmitirla a nuestros hijos.

Nosotros vemos nuestra semana santa con ojos de adultos, recordando la de nuestra infancia que es la que están viviendo nuestros hijos.  Pero las cosas son iguales, con la única diferencia de que de niños participamos, y ahora somos conscientes de lo que significa esta participación.

Ahora somos personas adultas que quieren mantener viva esta señal de identidad que es nuestra semana santa y que sirve de nexo de unión de este pueblo nuestro.

Y es que en cada casa, en cada familia de andorranos hay una mecha prendida, y mientras haya un andorrano que  se ponga la túnica de la cofradía, la túnica del Cristo de los Tambores, y salga a procesionar, esto no decaerá, pero aun así es nuestra responsabilidad cuidarla para transmitirla a las generaciones posteriores a través de la familia, piedra angular de esta tradición nuestra que se ha convertido en signo de identidad del pueblo de Andorra.


He dicho Tambores. Los Tambores y bombos de la Semana Santa de Andorra. Y DIGO Rompida porque creo que la Rompida forma parte de la memoria colectiva de Andorra.
 
¿Quién no lleva en su memoria todas las noches de Jueves Santo vividas, cuando cogíamos el tambor esperando q llegaran las doce; La siguiente espera hasta q llegaran las cinco de la mañana para subir a buscar a nuestro Cristo de los tambores; Las cuadrillas tocando incansables por la carretera;  los recorridos por las casas a tomar  un refrigerio hasta q cansados, nos marchábamos a casa a descansar para la procesión de viernes santo?

Y ahora, siendo madre, ¿quién no recuerda la emoción que produce el coser el escudo de la cofradía del Cristo de los tambores en la túnica de tus hijos para que participen por primera vez en la Rompida y así integrarlos en esta tradición?  

Mañana se hará la exaltación del tambor y el bombo, y luego silenciaremos los tambores hasta las 12 en punto de la noche de Jueves Santo. ¡ NO HAY QUE TOCARLOS ANTES!

 Y en ese momento, a las doce en punto, con las manos en las mazas, con los palillos entre los dedos y  con el corazón en un puño, en una de las Rompidas más multitudinarias del bajo Aragón, romperemos el silencio, romperemos la hora, conmemorando, un año más, el dolor del mundo por la muerte de Cristo.

Y un año más, estos tambores y bombos conseguirán integrar con túnica negra, cinturón rojo y el escudo de la Cofradía del Cristo de los Tambores, a todo un pueblo, mostrando la singularidad de nuestra Semana Santa.

Y con la Rompida empezarán dos días en que el sonido fuerte, sentido y continuado de los tambores y bombos se deslizará por todas las calles y rincones de Andorra, rasgando el silencio previo, hasta que el sábado Santo, al filo de las ocho de la tarde, con el fin de redobles, los tambores cesarán y los bombos callarán, y ese silencio repentino, inopinado y abrupto sobrecogerá más, si cabe, que nuestra Rompida.  

Ya os he contado qué siento frente a esas cuatro palabras. Ese es mi pregón, pero quiero que sea también vuestro pregón y eso solo lo puedo conseguir si durante unos segundos cada uno de los andorranos que estamos aquí somos capaces, por un momento de sentir el contenido de esas 4 palabras.

ANDORRA; SEMANA SANTA; TAMBORES; ROMPIDA

Solo si somos capaces de llenar nuestro corazón de sentimiento seremos capaces de que ellos, los que no son de aquí, sepan porque cada año venimos aquí, a Andorra, en Semana Santa, con nuestros tambores, y a Romper la hora.

“Y ESTA SEMANA SANTA VAYAMOS OTRA VEZ A PROCESIONAR, VAYAMOS A HACER SONAR LOS TAMBORES, A HACER RESONAR LOS BOMBOS HASTA QUE ESTA TIERRA QUE NOS HA VISTO NACER TIEMBLE Y RETIEMBLE, UNOS TOCARAN PORQUE EL HIJO DE DIOS HA MUERTO, OTROS PORQUE ES LA SEMANA SANTA DE ANDORRA QUE HA CRECIDO IMPULSADA POR EL LATIDO DE TODOS LOS CORAZONES ANDORRANOS, QUE EN DEFINITIVA SON EL ALMA DE ESTA TIERRA.    
    
Muchas gracias y felices días de Semana Santa
 
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