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Pregón de las XLIV Jornadas de Convivencia de la Ruta del Tambor y Bombo 2019
 
06-04-2019
 
Carlos Santos

Queridas amigas, queridos amigos, buenas tardes. Muchas gracias por dejarme participar en esta convivencia de la me gusta hasta el título: convivencia. Quienes amamos la vida sobre todas las cosas, sabemos que vivir es convivir; que la vida o es convivencia o no es vida.... Gracias a la alcaldesa por invitarme y gracias a los de la puerta de la ese precioso polideportivo por dejarme entrar. ¿Que pinta aquí, hablando de bombos y también un periodista de Almería, nacido en Zamora, hijo de gallega y salmantino, estudiado en Barcelona y residente en Madrid? Por si acaso tenia problemas en la puerta, me he traído el pasaporte... el tambor.   

Con este tambor, construido hace medio siglo por Tomás Gascón, artesano de Calanda, comparto emociones en esta tierra desde hace más de treinta años. Apúntese ese verbo, compartir, primo hermano del verbo convivir. A nadie se le ocurriría tocar a solas un bombo o un tambor. Desde la libertad de cada cual, lo que nos gusta, lo que nos pone, lo que nos mola, lo que da dimensiones trascendentes a esta comunidad de sentimientos es que tocamos en compañía, que tocamos juntos, que tocamos mucho y tocamos muchos.

Es lo que tiene la Semana Santa del Bajo Aragón: que siendo una vivencia intima, personal e intransferible, no tendría ningún interés si no fuera compartida. Aquí nadie quiere ser solista, aquí todos queremos ser orquesta, convirtiendo en pasión colectiva la emoción individual. De hecho, además de estar conmigo este tambor, por aquí anda también la cuadrilla con la que empecé a tocar en Andorra en los años 80, los amigos con los que descubrí que un toque vale más que mil palabras y con los que empecé a soñar con un mundo en el que no hay división entre hombres y mujeres, viejos y jóvenes, buenos y malos, urbanos y rurales, pobres y ricos. En ese mundo sin desigualdades con el que yo sueño, solo hay dos tipos de seres humanos, como estos días en esta comarca: los bombos y los tambores... No hablo por hablar. En un lejano Viernes Santo, cuando uno de los miembros de la cuadrilla se tuvo que quedar en Barcelona, porque esa misma noche nacía su primer hijo, la pregunta que le hacíamos por teléfono no era “¿ha sido niño o niña?” sino “¿qué ha sido: bombo o tambor?

Si tuviera que contar con mi tambor esos años de emociones compartidas, lo primero sería recordar a los ausentes, como el propio Tomás, que en el nombre llevaba la percusión, Tomás Gascón, y aparece en viejas fotos con Buñuel pero también en la memoria de muchos de nosotros, o el de Carmen, que nos abrió las puertas de este pueblo y cuyas cenizas hoy le dan verde a los pinos de la Sierra de Arcos. Mi historia personal empezaría con el toque de la rompida de Andorra, terminaría con el cierre de Calanda, pasaría por la recogida de La Soledad en Alcañiz, ahí como respetuoso espectador, y tendría su punto culminante en el toque de la subida a San Macario; ahí, en ese momento exacto es donde lo colectivo se hace individual, lo individual se hace colectivo y la libertad de las cuadrillas se convierte por ensalmo, sin disciplinas castrenses, ni falta que han hecho nunca, en la geometría viva de tres hileras sonoras, los bombos en el centro, los tambores a los lados; no les une una orden una instruccion     o una obediencia: los une, los entrelaza el toque común...

Todos los que estáis aquí habéis vivido emociones parecidas en Hijar, en Albalate del Arzobispo, Alcorisa, La Puebla de Hijar, Samper de Calanda o Urrea de Gaén. Todos sabéis de qué estamos hablando: de algo que solo se pueden explicar con unos palillos y una maza.

Los que venimos de fuera a esas emociones añadimos otra: el descubrimiento de una gente y una tierra que se te queda de por vida pegada a la piel, invadiendo como un virus benigno el disco duro de la memoria emocional. Esta tierra nunca ha estado demasiado poblada, pero todos los que la han poblado han dejado su huella...  Por aquí han pasado las culturas que configuran ese conjunto de problemas, pueblos, personas y emociones que llamamos España y todas han dejado alguna señal: esa ermita solitaria, esa iglesia severa, ese edificio civil renacentista, ese nevera, esa plaza medieval soportalada, esa fachada con su arco aragonés, esos poblados ibéricos, que  en algún caso también fueron celtas, pero tienen nombre árabe y el trazado de sus calles es romano, esas masías que resisten heroicas el paso del tiempo, esas obras  hidráulicas y esas minas que nos hablan de lo que pudo haber sido y ya no será,  esos cerros coronados por abrigos repletos de pinturas rupestres a los que has llegado caminando junto a un rio.

Esa es otra: entre las emociones colaterales que nos regala Aragón a quienes venimos de fuera está una naturaleza que te recibe a pecho descubierto, que te enseña a bocajarro la diferencia entre lo bello y lo sublime; que sabe ser dura pero también sabe ser tierna y de vez en cuando deja volar su propia fantasía para darte las sorpresas más insospechadas: esa muela con hechuras de leyenda, ese río que brota de la mismísima roca, como si fuera de cuento, esa sima donde te asomas al centro del tierra, esa colina escuálida, espigada, que parece diseñada por un escultor loco, ese bosque breve, pero intenso, que te recibe con cara de pocos amigos y te abraza luego como si fueras su hermano.

Teruel no solo existe: en Teruel habita la verdad. En esta tierra, que porque sabe de soledades aprecia como ninguna la compañía, la historia está a flor de piel, escrita en las paredes de los pueblos y las piedras de los montes; aquí los caminos son siempre de ida y vuelta y los senderos te llevan siempre al mismo sitio, que es tu propio corazón. En esta tierra habita también el silencio, que aquí se siente como en su propia casa, pero cuando llega la primavera el silencio abre puertas y ventanas de par en par y se deja cortejar con alegría por la música trasparente, descarnada y sin tapujos del bombo y el tambor. En cada uno de esos tambores, de esos bombos, está el latido de la historia, de la gente, de la vida que siempre se abre paso, como la libertad, aun en las condiciones más adversas.

Y ya que se ha colado la palabra libertad, vamos a compartir algunas convicciones, que no todo va a ser compartir emociones. La convicción de que el árbol crece más alto cuando tiene más hondas las raíces. La convicción de que en la suma de voluntades y la conjunción de sentimientos reside el gran secreto de esta ruta que hoy reiniciamos al cabo de 44 años con la ilusión infantil del primer día. La convicción de que volando juntos volamos más alto y tocando al unísono, como si fuéramos un solo instrumento, nuestra voz llegara siempre más lejos.

El son de los tambores y bombos de Aragón a veces será épico y a veces será lírico, a veces susurro y a veces grito, a veces aplauso y a veces sonrisa, a veces queja y a veces júbilo, a veces será oración y a veces será pancarta, para quienes tenemos la libertad por religión, pero siempre será el latido de una sociedad en movimiento, a la que nadie conseguirá nunca parar.

Dicen que en su más remoto origen los bombos y tambores los usaban los ejércitos para espantar al enemigo. Ya nos vale... Suene el bombo y el tambor para alejar de nosotros al que roba, al que miente, al que mata, al que abusa, al que se aprovecha del poder, al que olvida que la verdad os hará libre, como dijo el Señor, y es revolucionaria, como demostraron tantos, tantas veces.

Suenen tambores y bombos para espantar a los fantasmas del abandono, del olvido, la pobreza, del silencio impuesto, la soledad no elegida. Suenen con estruendo para marcar distancias con el miedo, que es siempre el mayor enemigo de la libertad. Responda la verdad sin sombras del bombo y el tambor a quienes quieren hacernos comulgar con falsedades, aunque las llamen fake news.  Golpea el bombo para que nadie se atreva a golpearte a tí, como te han golpeado tantas veces en la historia, toca con fuerza el tambor para acallar a quienes pretenden acallarte con el estruendo de sus mentiras.

Vamos a tocar juntos para poner en su sitio a los que quieren imponer sus leyes o su silencio, los que se esconden detrás de las banderas, las tramas, las manadas, los clanes, las cloacas, a los enemigos de la concordia, la justicia y del progreso.

Que los tambores espanten a los que espantan, que asusten a los que asustan, a quienes destruyen o esquilman el planeta donde vives, a los que vacían tu tierra para llenar sus bolsillos, a los que quieren robarte los sueños, después de robarle a tu padre la cartera. Suenen bombos y tambores contra aquellos que desprecian, deslocalizan, desguazan y desmantelan, disparando primero y preguntando después. Con la mirada en el cielo y con los pies en el suelo toca el tambor y el bombo... que se enteren.

Y habrá un día en que todos, al oírnos tocar juntos, entiendan la verdades, contadas al compás, de una tierra que nunca será tierra vacía, por más que desde fuera la intenten vaciar, y una gente que nunca se quedara callada mientras tenga dos manos, un bombo y un tambor...

Y llegando ya el pregón a su final me voy a despedir con doce versos.... Seguro que hay por aquí alguna jotera o algún jotero; igual alguna vez recuerda que un pregonero, llegado de muy lejos, se dejó tres cuartetas en el aire por si alguien quería convertirlas en jotas.

La primera tiene que ver con la actualidad inmediata esa en la que, por fin, algunos se han dado cuenta de que la España vacía está llena de votantes, interesantisimos, guapísimos

      Se acuerdan a buenas horas
      De que nos dejaron solos
      Y quieren sin darnos nada
      Que les demos nuestros votos
   
La segunda, ahora que estos tambores y estos bombos son patrimonio inmaterial de la Humanidad, es un recuerdo para quienes han mantenido viva la música y otras formas de cultura en esta tierra, como José Iranzo, el Pastor de Andorra.

    Palomica palomica
    A la que un pastor dio fama
    No dejes de alzar el vuelo
    Ni que te corten las alas

En la tercera, y allá va la despedida, solo quiero celebrar la fortuna de estar hoy aquí con vosotros y volver a ejercer ese supremo ejercicio de libertad que es tocar el tambor en Aragón y en buena compañía.

    Aunque nos lo quiten todo
    Esto no nos quita nadie
    los bombos y los tambores
    Somos los dueños... del aire.
   

Andorra, 6 de Abril de 2019
 
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  Pregón de las XLIV Jornadas de Convivencia de la Ruta del Tambor y Bombo 2019
 
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